
Reflexiones: ¿Quién dijo miedo?
Hoy os vengo a plantear una reflexión relacionada con el amor y los anillos de boda.
Aprovechando que la semana pasada mucha gente celebró el 14 de febrero como San Valentín, creo que no hay mejor excusa para plantearse cómo nos hacen entender el amor a veces. Vamos allá :)

"[...] las personas que forman una pareja son diferentes. Cada una tiene su estética, sus intereses, su manera de sentir, de ver el mundo [...]"
Me gustaría que perdiésemos el miedo. El miedo a que nuestras relaciones sean nuestras. Y las vivamos de la manera en que hagan el mayor bien a todas las personas que participan de ellas.
Tener intereses diferentes y querer representaciones distintas del amor no debería darnos miedo.
A veces me da tristeza pensar que un anillo de boda se convierta más en una "marca" para los demás, en lugar de ser un símbolo para las personas amadas.
Por eso, en los anillos que hago siempre intento que las personas se sientan libres. Libres de escoger, de sentir esas piezas totalmente suyas. Y si no les apetece que sean diferentes, siempre les animo a jugar un poco para que las dos personas estén representadas en esos anillos. De ahí que en muchos de los que hago juegue con metales distintos, formas, texturas…
Al final se trata de sentir este símbolo como único, un elemento de la relación pero también de cada unx.