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Notas al margen

el blog de Júlia Castro Jewelry

Black Friday y descuentos masivos

El título de este blog da poca oportunidad al misterio: el tema de hoy va directo a la yugular del consumismo urgente y ansioso.

Se que no tengo que aclarar que es un día que no se “celebra” en mi marca porque mis valores y filosofía ya hacen evidente por sí solos que el Black Friday representa la antítesis del modelo de consumo consciente que defiendo, pero no quiero perder la oportunidad de hablar de temas importantes vinculados a esto.

¿Porqué muchas marcas pequeñas no participamos de estos descuentos masivos o, en caso de las que sí lo hacen, sabes qué repercusiones reales tiene sobre sus negocios? Analicemos esto brevemente.

Los costes.

Cuando una marca pequeña o una autónoma ofrece un descuento del 30% o 40%, como es habitual en Black Friday, no está reduciendo su beneficio: está vendiendo a pérdidas. Siempre. Al contrario del concepto que hay en el imaginario colectivo: cuanto más pequeña es la empresa, más caro es producir y eso se traduce en un menor porcentaje de beneficio. ¿Porqué algunas participan entonces? En muchos casos, porque ayuda a deshacerse de stock que está quedando estancado y es preferible venderlo con pérdidas a no venderlo en absoluto y que se convierta en residuo. En otros, porque es una oportunidad de ganar visibilidad y llegar a gente nueva que puede convertirse en clientela. En ningún caso es porque salga rentable vender con un 40% de descuento.

Los peligros del mal precedente.

Cuando estos descuentos se hacen buscando crecimiento de clientela, pueden acabar jugando en contra de la propia marca: la cifra rebajada se convierte, muchas veces, en la referencia mental de quien compra en el futuro. El resultado es que se erosiona el valor percibido del trabajo y se hace más difícil que la clientela entienda y acepte el precio justo y real el resto del año.

Cuando estos descuentos se hacen buscando un crecimiento de clientela, puede ser un movimiento que acabe jugando en tu contra ya que muchas veces la cifra rebajada se convierte en la referencia mental para el futuro de quien compra. El resultado: se erosiona el valor percibido de tu trabajo y hace más difícil que la gente entienda el precio justo y real del resto del año.

El pico de producción.

Hay marcas que, por no quedarse fuera del reclamo, crean un producto de mínimo coste —y, por tanto, también de mínima calidad— pensado para vender exclusivamente esos días. ¿Qué implica esto para una marca pequeña? Que se autoimpone un pico de producción difícil de gestionar, porque no cuenta con más horas ni más manos para llevarlo a cabo: los recursos son los mismos de siempre, pero el ritmo se multiplica. ¿Y la consecuencia real? Un stock que nadie garantiza que se vaya a vender, que no representa a la marca ni en calidad ni en precio, y que solo ha servido para agotar a quien lo produce y para atraer a gente que compra por la oferta, no por valorar el producto.


Estos son solo tres puntos de un tema mucho más complejo, que se podría analizar en mayor profundidad. Pero este breve repaso sirve para llegar a una conclusión clara: el Black Friday es un terreno diseñado por y para el retail masivo, así que para las marcas pequeñas es, de partida, una carrera estructuralmente perdida.

¿Qué hago en su lugar? Sigo trabajando al mismo ritmo de siempre, con los mismos precios ajustados de todo el año, y cuando decido ofrecer un descuento, lo hago fuera de estas fechas, sin urgencia ni cuenta atrás, para que puedas aprovecharlo con calma. Esa es, para mí, la verdadera alternativa al Black Friday: no sustituir una urgencia por otra, sino eliminarla de la ecuación.

Si te gustaría que escribiese otro artículo con más información sobre este tema (de dónde viene, porqué recibe ese nombre, analizar sus repercusiones ambientales, etc), escríbeme. Me encantará leer tus ideas.


Nos vemos en la siguiente Nota al margen 🪶 

Júlia

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