Los anillos de boda, desde hace ya muchos años, parece estipulado que solo pueden ser de una manera: aros sencillos, austeros e idénticos para ambas partes de la pareja. La única diferencia permitida, casi como excepción, es que uno de ellos lleve una gema.
Si te soy sincera, en esa fórmula veo un mensaje del que prefiero alejarme. Porque las personas que forman una pareja son distintas: cada una tiene sus gustos, su manera de sentir, su forma de entender el mundo. Y sin embargo, seguimos dando por hecho que el símbolo que representa una unión debe borrar esas diferencias en lugar de contenerlas.

El hacerlos idénticos o buscar algo más personal es un tema que me gusta plantear cuando me siento a hablar con las parejas que me encargan sus anillos. Además suele abrir un camino que, aunque no siempre escojan, da cierta paz el saber que existe porque de repente se pone el foco en el vínculo hacia dentro en lugar de hacia fuera. Sí, son dos personas que comparten una decisión, pero lo que perdura más allá de la ceremonia es que esas personas se siguen eligiendo día tras día precisamente por ser quienes son, cada una a su manera. Lo bonito de trabajar unas alianzas desde ese lugar es que deja de importar si son idénticas: lo que importa es que compartan ese vínculo, sea de forma evidente o secreta, estética o simbólica. Que estén unidas por ese hilo invisible que las conecta de manera única, aunque nadie más sepa verlo.
Así trabajo los anillos con cada pareja
Con esto en mente, en los anillos que diseño mi punto de partida siempre se basa en que cada persona se sienta libre. Libre de elegir, de sentir la pieza como completamente suya, aunque forme parte de un mensaje compartido.
El proceso empieza con una conversación, presencial o virtual, en la que hablamos de vuestra historia, de aquellos lugares y momentos que han marcado vuestro camino, de vuestra música preferida, de lo que os representa como pareja y también como individuos. Con toda esta información, llega el momento de transformar esos conceptos en algo terrenal: un diseño. ¿Os gustarían de un metal o varios combinados? ¿Queréis texturas o minimalismo? ¿Quizá formas que dialoguen entre si?
Y, finalmente, la elaboración. La mejor parte y donde podéis dar un paso más hacia unos anillos cargados de simbolismo: fundir el oro de una joya familiar, de alguien que ya no está o de una pieza con historia propia, para que forme parte físicamente de vuestros anillos. Ese gesto, el de dar una nueva vida a un metal que ya tiene un significado, es de los que más me emocionan de este oficio. No se trata solo de crear una joya nueva, sino de resignificar una historia que ya existía, ahora dentro de otra.
Cuando hablo con las parejas que ya han pasado por este proceso, hay una idea que se repite: sentir que sus anillos no podrían pertenecer a nadie más. Que cuentan, específicamente, su historia. Y para mí, esa es la única función real que debería tener un anillo de boda.
¿Diseñamos los vuestros?
Si estáis buscando unos anillos que os representen de verdad en lugar de repetir un modelo que no elegisteis, podéis ver la colección de anillos de compromiso ya diseñados o reservar una cita para empezar a crear vuestras alianzas personalizadas. Hablamos, pensamos el diseño, y le damos forma a algo que sea completamente vuestro.

